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Ética Empresarial

IMPORTANCIA DE LA ÉTICA EMPRESARIAL


Vivimos en un mundo que está inmerso en el exceso de información, los videojuegos, la televisión, el Internet, el celular, etc, mismos que la publicidad y mercadotecnia tienen como tarea principal llevar a cada usuario potencial en el mundo. Es obvio que existe una gran confusión con respecto a lo que nuestra sociedad empresarial cree que se debe hacer para que cada adelanto tecnológico llegue a los hogares, “el fin justifica los medios”, cuando las empresas siguen esta afirmación, entonces se pierde la verdadera esencia que cada empresa debe vivir, ser un medio para que la humanidad viva una vida más humana.

El fomentar una vida más humana, no se logra sino con una verdadera convicción personal e institucional. Cada ser humano tiene la capacidad “para discernir el bien del mal” (2 Nefi 2:5), esa es parte de nuestra condición humana, por lo tanto cada persona sabe lo que puede ser de beneficio o maleficio para sí mismo y los demás.

La diversidad de rasgos culturales en los que está dividido el mundo permite que vivan los pueblos de acuerdo a sus normas, leyes y conductas. Y es ahí donde entra la ética. Primero una ética personal, ésta, es una condición exclusiva del ser humano, facultados para pensar, razonar, elaborar ciencia y filosofía, tal como Cortina lo afirma, “la ética es un tipo de saber que orienta la conducta de manera racional, para poder tomar decisiones justas y prudentes a lo largo de nuestra vida” (Cortina. 2000:17) y después la ética empresarial o institucional.

Independientemente que cada persona viva algún tipo de religión, dogma, ateismo, denominación religiosa, etc., siempre estará viviendo también bajo un código ético personal.

El egocentrismo, el hedonismo, las concupiscencias del hombre, y la individualidad humana, nos ha legado que estos estilos de vida vertiginosos, nos lleven a niveles éticos y espirituales por debajo de los “estándares” que las abuelas defienden con tanto ahínco. “-en mis tiempos no se veía eso-“.

Bajo estas condiciones en las que se encuentra el mundo, y las que vive el ser humano de forma individual, son las mismas con las que han evolucionado o formado las empresas, esto invita al mundo empresarial a que se retomen valores, virtudes y códigos éticos que presidan la modernidad de la vida.

Augusto Hortal define a la ética profesional como “el control de calidad o la denominación de origen, aplicadas… no a un determinado producto, sino a los servicios profesionales” (Hortal. 2002: 25)

En la cultura actual de las empresas, no han tomado en cuenta la importancia que tiene la ética personal e institucional, y por lo tanto muchas de ellas carecen de un código ético y por lo tanto no viven bajo estándares éticos que les permitan actuar de formas adecuada en momentos de crisis. No ser pretende afirmar una falacia de falsa generalización, pero lo que si es verdad, es que son muy pocas las empresas que se rigen bajo normas y códigos éticos profesionalmente adecuadas, que fomenten el principio de beneficencia.

Para remediar esto, es preciso que las empresas reflexionen y sean concientes para asumir su responsabilidad que por naturaleza les atañe, dicha responsabilidad no la deben tomar como “un recurso estratégico para alcanzar determinados fines de determinados grupos, sino como un recurso moral para el logro de las condiciones óptimas para la generación, mantenimiento y desarrollo de capital de confianza” (García, 2004:16)

El desarrollo de la confianza como un recurso moral, es el inicio para asumir la responsabilidad social y para vivir la empresa de forma ética con un bien social. Las malas prácticas de las empresas han sido las responsables de que su fuerza de trabajo no crea en ellos, así como sus clientes y proveedores. Promoviendo a que la ética de la empresa se desmorone y a su vez la confianza. Este es un elemento moral fundamental “sin el cual no es posible explicar ni su sentido ni su función social y económica” de la empresa. (García, 2004:62)

Cuando las empresas se han forjado y afanado para el enriquecimiento material dejan a un lado los valores morales y éticos. Es por esto que hoy en día existan problemas de salud en las personas, ecológicos, de transparencia de información y recursos, y de confianza.

Podemos hacernos la pregunta como empresa, ¿cuál es mi responsabilidad?, para esto se debe tener claro que existen cuatro áreas de responsabilidad; la responsabilidad económica: la cual consiste en maximizar las ventas y minimizar los costos; la responsabilidad legal: cumplir las leyes de su país, así como los derechos y garantías de sus trabajadores; la responsabilidad ética: estas son exigencias sociales y ecológicas que de alguna manera no son leyes jurídicas; y la responsabilidad voluntaria o filantrópica: La legitimidad de esta radica en conductas y acciones deseables por parte de la empresa, basadas en cuestiones caritativas para grupos específicos dentro de la sociedad, así como programas para el desarrollo local y regional, como campañas contra drogas, etc.

Las empresas que se presumen socialmente responsables corren el riesgo de atravesar la frágil línea de la ilegitimidad en sus acciones sociales, esto es cuando no existe una coherencia entre lo que moralmente predican y su actuar diario. Las empresas no pueden hablar únicamente de beneficios económicos sin hablar del beneficio social y ecológico que ellos deben contribuir a la humanidad, sea global, regional o local.

Por lo tanto también se requiere vocación, Quintás, establece que “sentir vocación es sentirse llamado por una realidad valiosa a darle alcance y realizarla en la propia vida. Todo valor, de por sí pide ser realizado. Para ello, ofrece posibilidades al hombre en orden a otorgar sentido a su vida. El valor que da pleno sentido a la existencia constituye un “ideal”. (Quintás:1990)
Sin importar cual sea el tamaño y el giro de la empresa, ésta debe asumir su responsabilidad. Una vez logrado esto, cuando la empresa, viva la reflexión, el cuidado y la procuración social, entonces estará viviendo una ética misma que lo acercara al humanismo, orientando a que el ser humano cumpla con su propósito en la vida.

PRINCIPIOS

Los principios son verdades o leyes básicas universales, en las cuales se fundamentan acciones y actitudes de la vida así como empresariales. Cuando el ser humano hace una introspección y se da cuenta que es necesario cambiar algo en su vida, establece metas basadas en normas y principios que lo llevaran a su objetivo, con las empresas sucede lo mismo.

El establecer normas y principios así como límites dentro de la empresa, ayudará a tener una guía y a ejercer la libertad de trabajar ordenadamente y de forma armoniosa. Además de saber la forma en que se debe actuar en momentos de crisis.

La ética profesional se basa en cuatro principios fundamentales:

· Principio de Beneficencia.
· Principio de Autonomía.
· Principio de Justicia.
· Principio de No-Maleficencia.

Estos principios universales son generales, a diferencia de las normas que son específicas y concretas.

El principio de beneficencia, está basado en “hacer bien una actividad y hacer el bien a otros mediante una actividad bien hecha”

El principio de autonomía está fundamentado en que “todo ser humano es autónomo nadie nos puede imponer nada” está autonomía esta basada en el albedrío, mismo que se ejerce bajo normas y leyes de carácter cultural, así como universales. El poder o facultad para actuar y pensar libremente nos da esa autonomía exclusiva del ser humano.

El principio de Justicia es una ley eterna, cuando una ley se ve quebrantada, ya sea ley divina, social, o empresarial, actúa la justicia, sin intermediarios, simplemente la justicia actúa por si misma. El ser humano no siempre es justo, porque depende del contexto, en el que se aplicará la justicia, ésta basada en leyes locales o universales. Cuando existe una crisis de ética dentro de una empresa, ser recurre al código ético de ésta, para aplicarlo de forma tal cual sea dictado. Y así se actuará de forma justa.

“Ayudas mejor… a no estorbar”, en esto se basa el principio de no maleficencia, Hipócrates afirmó que debemos “ayudar o al menos [ha] no hacer daño”.

• El bien es relativo, en cambio el mal es absoluto. Es decir el bien se puede hacer de muchas maneras, en cambio el mal es preceptivo y obligatorio el no hacerlo.
• Para no hacer daño sólo se requiere de ser conciencia de nuestra responsabilidad y de las consecuencias de nuestras acciones como profesionales.

Conclusión

Sin lugar a duda, los valores éticos que viva una empresa, se establecerán y vivirán de acuerdo a los individuos que estos la conformen. De nada servirá tener un código ético dentro de una empresa si lo único que se pretende es exhibirlo como un estandarte, y menos cuando ni siquiera lo conocen ni viven cada uno de los que conforman a la institución.

El código ético será una guía para cada individuo que conforme la empresa, desde los directivos hasta el personal que vigile por las noches. Una vez que se conozca y se viva el código ético, será menos complicado el quehacer diario, se sabrá cómo actuar ante una crisis, contingencia, o dilema ético. Se vivirá por convicción y vocación.



BIBLIOGRAFÍA

El libro de Mormón 2 Nefi 2:5
Cortina, Adela. Ética de la Empresa. Madrid: Editorial Trota. 4ª. Edición, 2000.
Hortal, Augusto. Ética general de las profesiones. Bilbao: Descleé. 2002
García- Marzá, Domingo. Ética empresarial. Del diálogo a la confianza. Madrid: Editorial Trotta, 2004. p. 166.
Alfonso López, Quintás. El encuentro y la plenitud de la vida espiritual. Madrid: Editorial Publi caciones claretianas 1990

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